De la música al ruido, columna del Dr. Enrique Suárez

Enrique-Suárez-chica* Columna escrita por Dr. Enrique Suárez, Instituto de Acústica, Facultad de Ciencias de la Ingeniería e Investigador del Núcleo de Investigación en Evaluación y Mitigación  de Riesgos Naturales y Antropogénicos de la Universidad Austral de Chile.

El problema de ruidos que han sufrido los vecinos de Isla Teja Norte, generado por las actividades que se desarrollan en el Parque Saval, ha mostrado un problema frecuente y que nadie quiere asumir. Utilizar sistemas de amplificación sonora a veces nos lleva desde la música al ruido, desde la cultura a la contaminación, desde el deleite de los sentidos al riesgo para la salud. Este es un problema que no debiera existir en una ciudad que se reconoce como Capital Cultural.

Una amplificación sonora de calidad implica también un volumen apropiado. Como ejemplo, podemos imaginar disponer de un foco muy potente, y para una correcta iluminación, cuidaremos su intensidad para evitar encandilar a todo el mundo. Un exceso de energía luminosa no permite apreciar colores ni detalles, finalmente distorsiona lo que ilumina. Lo mismo sucede con la amplificación sonora: demasiada energía transformará la música en algo desagradable, y además, totalmente perjudicial para la salud. No sólo para los vecinos, sino también para los asistentes al evento.

Ya sea en el Parque Saval, en casas de comercio (típicamente en el centro de la ciudad) o en la vía pública (plazas, paseos y veredas), el empleo indiscriminado de potencia acústica genera problemas con todos los vecinos: casas, oficinas y transeúntes. En verano son frecuentes los reclamos de personas que trabajan en el centro de Valdivia, casi condenadas a escuchar a gran volumen, todos los días, un mismo repertorio musical, una y otra vez. Similar situación para los vecinos de la zona del Helipuerto o la Costanera.

La Corte Suprema ha reconocido el riesgo para la salud de los vecinos, y la responsabilidad municipal en el caso del Parque Saval. Pero no es el único caso. El Municipio tiene la oportunidad permanente de hacer valer su ordenanza de medio ambiente que prohíbe reproducir música a un volumen que trascienda al exterior de un establecimiento (Art. 34), hacerlo extensible a las autorizaciones que otorga (Art. 33) y a sus propias actividades (como en el Parque Saval). Valdivia debe buscar lugares apropiados para distintos tipos de eventos, con espacios y edificaciones adecuadas acústicamente para estos fines. Queremos música, pero no ruido.

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